Don Querubín y doña Nancy en el comienzo

Desde que don Querubín tiene memoria, ha tenido su vida enlazada al cultivo del café. Inició como jornalero, luego fue mayordomo y, finalmente, logró ser dueño de su propia finca cafetalera junto a doña Nancy, su compañera de vida.

Don Querubín en su cafetal

Café para el futuro

Don Querubín guarda un profundo agradecimiento por el cultivo de café, pues le ha permitido sacar adelante a sus hijos y nietos. Hoy, trabaja incansablemente para que su hija termine su carrera universitaria. A menudo siente el cansancio de los años, pero aun así continúa levantándose antes que el sol para sacar de su finca el mejor grano.

De la familia
a la comunidad

Esta marca nace a la vera de un “tinto”, sentados bajo la sombra de un cedro negro, en las montañas de Antioquía. Surge de una conversación que se vestía de cuestionamientos sobre los retos de la cultura cafetera, donde la premisa era impactar la vida de las familias caficultoras.

Taza de café Cedro Negro
Niños de la comunidad

Una marca
con sentido social

Aquella conversación fue una semilla que logró germinar, fue creciendo y hoy ha comenzado a dar los primeros frutos. Esa tarde nació la idea de una marca de café con sentido social, donde los precios justos fueran un pilar que contribuyera a la dignificación de estas familias.

Por el caficultor
y su medio ambiente

Trabajamos con mujeres cabezas de hogar víctimas del conflicto armado y productores de la tercera edad como prioridad al comprar materias primas. Además, capacitamos a las familias caficultoras sobre el cuidado del medio ambiente y sembramos especies forestales promisorias del país.
Mujer caficultora